“Cuando tienes más de lo que necesitas,
construye una mesa más larga,
no una barda más alta”
Anónimo.
Basta revisar la información a nuestro alcance para darnos cuenta del problema: las reglas del mercado libre no tienen un sentido social, vivimos en un régimen que permite que año con año las economías crezcan de forma sostenida pero cada día tenemos más pobreza. Vivimos en un sistema en el que la gente cada vez trabaja más que antes y gana mucho más que antes, pero le alcanza para menos que nunca y los únicos planteamientos que leo para poder solucionarlo se limitan a pedirnos que hagamos exactamente lo mismo pero con mayor intensidad, es decir: hacer cada vez más y un poco más de lo mismo.
Me viene a la mente la definición de “locura” que se atribuye a Albert Einstein: “hacer lo mismo, una y otra vez y esperar un resultado diferente”.
¿Pero qué cambiar? ¿Qué intentar de forma diferente? ¿Qué ajustes necesitamos? ¿Basta con un ajuste?
La problemática es compleja y, como todas, es imposible de solucionar en el mismo plano de pensamiento en la que fue creada. Creo que, debido a ello, es labor de todos el estar atentos en todo momento a qué pudiéramos cambiar en nuestras actividades y en nuestra vida diaria para poder romper con esta inercia, sea a través de un cambio de metodología, de actitud; o bien, aportando ideas que nos ofrecen la posibilidad de lograr, mediante un ejercicio académico correcto y profundo, convertirlas en realidad.
En lo personal, mi vida profesional se ha centrado en la asesoría legal a empresas y personas a fin de lograr eficiencias fiscales y administrativas en la creación y sucesión de la riqueza, llevo 17 años atendiendo asuntos de ese tipo y a lo largo de ellos he tenido la oportunidad de acercarme a otros regímenes, culturas y economías, lo que me ha permitido contar con una perspectiva particular sobre el tema y poder comparar nuestra realidad y nuestros principios con otros igual de válidos pero vigentes en otras lugares del mundo en donde existen otros tantos problemas y complicaciones pero en donde los nuestros (los de México) parecieran lejanos y hasta incomprensibles.
Por ejemplo, hablemos del derecho musulmán (plática que sostuve recientemente con mi buen amigo Manuel Tron), permítanme explicar un poco el porqué del tema (y también de la plática):
Verán, con motivo de diversos asuntos de carácter privado que hemos tenido a lo largo de los años, Manuel y yo nos tuvimos que enfrentar en algunas ocasiones con la necesidad de aprender algunas reglas básicas de otro tipo de regímenes legales, ya que debido a sus ámbitos de aplicación, los mismos se superponían a las reglas de nuestro sistema jurídico. Por ejemplo, si una persona de religión musulmana tenía alguna vinculación con un estado en el que dicha ley está vigente, aun cuando esa persona viviera en México y nunca visitara ese país, podría tener que observar ciertas reglas o incluso tener ciertos derechos conforme a las reglas familiares y de sucesión de ese régimen. Así es que a lo largo de los años y de atender tantos tipos tan diversos de planeaciones patrimoniales tuvimos que conocer por acá, algunas reglas que aplican por allá para poder hacer bien nuestro trabajo.
Resulta que en aquellos países en los que es aplicable la Sharia (tal como se conoce el sistema jurídico islámico), existen algunas reglas de herencia forzosa; es decir, cuando una persona vinculada al sistema muere, puede tener derechos hereditarios sobre algunos parientes independientemente de la voluntad de aquellos, pero también algunos de aquellos podrían tener algunos derechos sobre el patrimonio de mi cliente en México, aun cuando a mi cliente nadie le haya preguntado nada; o incluso, aun cuando haya manifestado expresamente que ese no era su deseo. Y, aun cuando en un litigio de años y años se hubiera podido resolver en un sentido u otro este tema, mi papel en esos asuntos es precisamente prevenir que esos litigios sucedan; por lo que, lo mejor era investigar un poco sobre ello y evitar el problema de raíz.
Al investigar, tuve que entender la razón sucesoria que sustenta la permisión de la poligamia bajo las reglas del Islam, mismas que dictan que dependiendo de la riqueza del varón y entre mayor sea ésta, el mismo podría (y tendrá la presión social para) desposar hasta 4 mujeres, tratándolas a todas como esposas y con relativamente los mismos derechos y obligaciones. (Explicación simplificada).
A través de esa regla, lo que se pretende es que en el momento que un núcleo familiar acumula riqueza de forma tal que tengan más de lo que necesitan, automáticamente se ejerza presión social para detonar la obligación jurídica de compartirla con otro núcleo familiar que, estará vinculado y generará sinergias con el primero. Dentro de esas sinergias está la regla sucesoria, ya que las mismas protegen a cada uno de los primogénitos varones o las viudas (en ausencia de aquellos), obligando al pater familias a dividir lo que haya quedado de dinero (que no creo que sea mucho porque eso de tener contentas a cuatro esposas con igualdad de derechos y obligaciones no suena nada barato), entre cuatro núcleos familiares nuevos que a su vez seguirán las mismas reglas para prevenir la acumulación innecesaria de riqueza en algunas manos y generando mayores oportunidades de crecimiento y desarrollo social.
Pensándolo objetivamente, se trata de un sistema de redistribución de la riqueza bastante eficiente, más eficiente del que tienen nuestros vecinos del norte (con sus impuestos a las herencias y a los regalos) y obviamente mejor que el que tenemos en México (en dónde no existe ningún sistema adicional al impuesto sobre la renta para tutelarla). Pudiera apostarles que el nivel de distribución de riqueza y de ingreso per capita es mayor en los países en donde aplica efectivamente la Sharia al que existe en los Estados Unidos de América y ambos de los anteriores al que existe hoy en México.
Con lo anterior no pretendo de forma alguna que se limite el derecho de designar a nuestros herederos, ni denigrar a la monogamia, ni atentar contra la igualdad de género, ni cuestionar la legitimidad de la acumulación de riqueza (las cuatro son causas con las que comulgo y siempre defenderé) sino sugerir una reflexión para proponer algo inteligente que nos ayude a abatir un poco la desigualdad en la que estamos hundidos en México y a generar mejores oportunidades para todos, de forma tal que sin la necesidad de violencia logremos, al paso de los años, distribuir un poco mejor el pastel y permitirnos vivir en un mundo en el que todos vivamos mejor porque todos los demás también viven mejor.
Hace un mes aproximadamente mi buen amigo Manuel Tron escribió un artículo para Arena Pública en el que, citando a Gerardo Esquivel Hernández, señaló que en 2014, 85 personas eran dueñas de una riqueza igual a la riqueza de que era dueña la mitad de la población mundial, para enero de 2015 esa riqueza estaba en manos de 80 personas, y que en México, según el Global Wealth Report durante 2014, el 10% de la población con mayores ingresos del país, concentraba el 64.4% de la riqueza nacional. Lo anterior me parece alarmante, insostenible y de atención inmediata para preservar nuestra paz social al mediano plazo.
No obstante ello, tampoco pretendo proponer un impuesto a las herencias o a los regalos en México, estoy convencido que ese camino no es el correcto, estoy convencido que nuestro poder público no tiene la capacidad de tutelar este sistema ya que lo corrompería incluso antes de aplicarlo, y además los intermediarios fiscales (asesores, contadores, auditores, litigantes y banqueros –entre los que me incluyo-) lograríamos encontrar una forma legítima de eludir su cumplimiento.
Es necesario que el sistema ofrezca una solución en la que el poder público no sea el intermediario, sino que sea el propio autor de la herencia quien, en ejercicio de su libertad, designe a quien guste como heredero(s), siempre que sea una persona física viva al momento de su muerte o a una persona moral existente o por ser constituida con cargo a los bienes de la herencia.
Mi propuesta es hacer eso mismo (que hoy está vigente) pero con un tope, mismo que debe ser suficiente para que el autor de la herencia se quede absolutamente convencido de que con esa cantidad no le faltará nada (con el mejor nivel de vida posible) a su ser querido, o incluso a su descendencia inmediata; o bien que, con esa cantidad se podría fortalecer de forma muy importante a una organización social o incluso a una empresa comercial (las que sean o pudieran llegar a ser de su interés (pero en las que no participen de forma directa o indirecta las personas físicas que ya agotaron su tope) de forma tal que se garantice que la misma perdurará en el tiempo. Digamos algo así como US$10,000,000.00 (diez millones de dólares los Estados Unidos de América) cantidad hipotética pero ejemplificativa respecto a lo holgado que debe ser dicho límite.
Estoy seguro que el apetito social que pudiera existir para dejarle más de 10 millones de dólares a una persona física o moral de tu elección (una y otra vez, pero si repetir beneficiario) hasta agotar la totalidad de los bienes de una herencia, con absoluta libertad para el testador, sería muy poca. Permítanme explicarme, supongamos que tenemos un jefe de familia al que llamaremos el Señor X; individuo que ha logrado a lo largo de una muy exitosa vida profesional acumular una fortuna con un valor de mercado de 100 millones de dólares (es decir, estamos hablando de casos aislados). El señor tuvo a lo largo de su vida dos matrimonios, en el primero de ellos procreo a un hijo y en el segundo de ellos a dos más, el señor inició con una organización social autorizada para recibir donativos deducibles por el SAT que se dedica a el apoyo a los niños de la calle a la que se dedicó de forma devota desde que se retiró al mismo tiempo de participar como consejero independiente en el consejo de administración de dos empresas exitosas, una de ellas dedicada a la energía renovable y la otra a la investigación científica y al desarrollo de tecnologías limpias, otras de sus pasiones.
El sistema permitiría que el Señor X heredara lo que quisiera (pero no más de 10 millones de dólares de forma directa o indirecta) a su ex esposa, a su esposa, a sus tres hijos, a su donataria autorizada y a cada una de las empresas en las que participaba como consejero y a cada uno de los dos nietos que llegó a conocer en vida (de los cuales no les había platicado pero también estaban en la historia y a los que el Señor X quería mucho).
En caso de excederse del límite que propongo, es decir, de pretender dejar más de esos hipotéticos 10 millones de dólares a una persona (de forma directa o indirecta) entonces sí propongo un impuesto con una tasa elevada, muy elevada; para desincentivar más no prohibir el ejercicio de ese derecho en exceso al límite señalado (que debe ser así de holgado para que tenga sentido y actualizarse permanentemente sin necesidad de la intervención del poder público); la tasa debe ser tan elevada que ese impuesto no lo quiera pagar nadie y que sea tan fácil de eludir que efectivamente nadie lo termine pagando, ya que bastará con designar un mayor número de herederos para que el impuesto nunca rebase su mínimo exento.
¿Qué tal les suena esa idea?, obviamente hay mucho por desarrollar, entre otras cuestiones, el cómo hacerla funcionar en el mundo globalizado en que vivimos, atendiendo a todas las jurisdicciones y sin violentar otros principios, dedicarle tiempo y sesos a determinar ese límite hipotético del que hablo e incluso diseñar un sistema de reparto entre organizaciones sociales autorizadas.
Valdrá la pena desarrollarlo, a ver si logramos algo diferente que nos haga salir de este círculo vicioso de acumulación y desigualdad ya que ese es, en mi muy personal opinión, nuestro mayor problema social el día de hoy.
Elías Adam Bitar
Twitter @EliasAdamB

Estimado Elías:
Agradezco tu publicación, pues me hace reflexionar, aunado a que acrecenta mi conocimiento social y jurídico de otras culturas.
Me parece muy interesante tu propuesta para la redistribución de la riqueza, pues eso es lo que falta en México y otras partes del mundo, propuestas inteligentes y concretas para buscar el beneficio de terceros.
La parte crítica de ese supuesto específico que planteas (a mi pensar y a nivel básico), es que la riqueza seguiría en poder de la misma familia, pues bastaría tener una gran descendencia (lo que tampoco es recomendable incentivar dada la población mundial) para evitar que la misma llegue a terceros, salvo que límites el número de herederos o condicionar que pasando de cierto monto habría que poner como beneficiario en una parte proporcional (10 mdd) a una institución de beneficencia pública, ya que lo contrario se generará el impuesto (que nadie querrá pagar).
Como tú lo indicas, son demasiados los factores que inciden para que la riqueza pueda llegar a los que menos tienen, pues los que estén más abajo en esa pirámide (mientras más ricos lugar más arriba en la cúspide y mientras más pobre más hacia la base), más difícil que permeen los recursos.
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